Rincones con encanto. La Vaca Verónica
“Tengo una vaca lechera…” dice la canción. “…no es una vaca cualquiera”, continúa la melodÃa.
Y en efecto “La Vaca Verónica”, restaurante con influencias de cocina argentina, no es una vaca cualquiera.
Ubicado en el Barrio de las Letras, a un paso de la Milla del Arte y en plena zona Huertas, destaca de entre las fachadas de la calle MoratÃn por su caracterÃstico color amarillo.
El interior, recargado en su justa medida pero sobrio y desenfadado, conserva el amarillo en armonioso contraste con el mobiliario. Los detalles, tan cuidados y mimados como la atención de Tati Casado, la dueña, y su equipo de profesionales.

La carta, escueta y aún asà variada, tiene para todos los gustos, con una excelente variedad de ensaladas como preámbulo de una estupenda velada. Las estrellas de la casa son el filete Verónica y los espaguetis con carabinero.
El filete es exquisito, un corte delicado y tierno de carne roja a la altura de las piezas más nobles sin serlo, con guarnición de patatas y pimiento verde.
Como acompañamiento las salsas, una roja y otra verde, que para gusto los colores… y yo prefiero la verde. A la propuesta carnÃvora se suma la bandeja de la vaca (para dos personas), una parrillada con un surtido apetecible.
Los espaguetis, en su punto, los mezclan con el carabinero en
la propia mesa. Es un gusto ver la maestrÃa con que las camareras trabajan el crustáceo para que suelte toda su sustancia. A la variante de productos del mar se suman las sardinas y la dorada a la sal. (En la foto, espaguetis con setas y queso)
Todo acompañado por una selecta carta de vinos a precios razonables.
Para los golosos, una cuidada selección de postres. Si el plato principal fue suave vienen bien unos orejones con nata o una tarta de chocolate (negro o blanco) con frambuesas frescas… una combinación excelente, lo mismo que el queso manchego con miel y nueces. Si la comida fue opÃpara, entonces un helado de higos… exquisito.
En la vaca está permitido fumar, su sistema de ventilación es tan bueno que, aún estando codo con codo, no molestas con el humo mientras saboreas un café de puchero o una selección de infusiones. La de manzana y canela es deliciosa.
Y todo ello por unos 35 €/persona. Si optas por el menú Almuerzo, que es una combinación de lo anterior, te costará 15 €/persona.
Parafraseando los versos de Mario Benedetti de “Los formales y el frÃo”, encuentro ideal este Restaurante para una cena romántica, con el cuidado detalle de la vela encendida, la luz ténue y ese rococó rural que engalana el sitio.
La vaca Verónica está en la calle MoratÃn, 38. Se recomienda reservar mesa al 91 429 7827. Abierto los domingos.
Los Formales y el frÃo
Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales
mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella,
pero sus palabras, las de él,
no se enteraban de esa dulce encuesta
como siempre o como casi siempre
la polÃtica condujo a la cultura
asà que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacÃa bastante frÃo
y ella no tenÃa medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche
y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frÃo estaba en sus labios ,los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos
una hora apenas de biografÃa y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre
él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies frÃos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan frÃos
y sucesivamente asÃ
mientras los grandes temas
dormÃan el sueño que ellos no durmieron.
Tags: De papeo, Huertas, Rincones, Zonas


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