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José I Bonaparte

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José I Bonaparte… o Pepe botella… o Pepino, no fue un rey querido por los españoles, y mucho menos por el pueblo madrileño. En una oportunidad escribió a su hermano una carta donde se lamenta de ese hecho. La misiva decía: “Sire, nadie le ha dicho hasta ahora toda la verdad a su Majestad. El hecho es que no hay un español que se muestre afecto a mi, excepto el reducido número de personas que viajan conmigo“.

José I tuvo un reinado breve y de constantes entradas yJoseBonaparte.jpg salidas de Madrid. Aún así, en su condición de invasor y adepto a la bebida, fue un rey bien intencionado. A él se deben la construcción de la Plaza de Santa Ana, la del Rey, la de los Mostenses, las de San Miguel, de la Cebada y la de Celenque. Además de él fueron la creación del Laboratorio de Óptica, la ampliación del Jardín Botánico, la instalación de un Tribunal de Comercio y una Bolsa.

Inauguró bustos de Calderón y Lope de Vega, hizo buscar los restos de Cervantes y ordenó la representación de Tartuffe, que había estado prohibida desde 1779 por la Inquisición.

En contarpartida, al derribar la iglesia de San Juan Bautista, hizo desaparecer los restos de Velázquez, cuyo enterramiento había sido olvidado.

Tuvo un romance con la marquesa de Montehermoso, cuyo marido pasó a ser en pocos meses Grande de España, Gran Cordón de la Orden Real de España, creada por José I y de la que los madrileños se mofaban llamándola “Orden Berenjena” por el color violado de su cinta. El pueblo cantaba: “De Montehermoso la dama / tiene un tintero / donde moja la pluma / José Primero“.

Se fuga definitivamente de Madrid en 1813.

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