Barbacoa de perros y perritos

edjaval 31 Agosto 2009 0

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Dale caña a la gramola!!!

Si Georgie Dann llega a ver en su momento la foto que hoy presentamos, deja de cantar “la barbacoa, la barbacoa” por los siglos de los siglos, amén.

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Y es que esta curiosa fotografía corresponde a una noticia aparecida en la revista “Actualidades” de Madrid, 15 de Diciembre de 1909. En la sección “Actualidad Extranjera”, se comenta:

“Se ha discutido mucho en diferentes naciones acerca de la conveniencia de destinar al consumo la carne de perro, y París va a ser la primera ciudad donde se abra una expendeduría de esta clase de carne. Como curiosidad reproducimos la fotografía de la tienda y del anuncio, en el cual aparecen pintados los tipos de perro cuya carne se ha de poner allí a la venta.”

El autor de la fotografía es un tal Harlingue, fotógrafo de prensa de algún periódico francés que no se cita en la noticia.

¿Qué… cómo te quedas?.
¿A que siempre hemos dicho que los chinos comen perros, eh?. Pues mira por donde los franchutes también tuvieron su momento perruno.

Si vas a París papá…

Un inciso, a propósito de las bombillas – bajo consumo del plan de ahorro de energía del Gobierno; en la misma revista encontramos una publicidad que anuncia un “75% de Economía“, aparentemente gracias a las cualidades del filamento metálico de la lámpara IRIS.

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La tienda Carlos Knappe estaba ubicada en la calle del Clavel nº 2, lo que hace complicado enseñar alguna referencia actual. Como podréis apreciar en el slideshow que hemos preparado, aún no existía la Gran Vía. La calle Clavel fue una de las perjudicadas por la construcción del proyecto Avenida B o calle del Conde de Peñalver (hoy Gran Vía), que se comenzó en 1910.

En aquella primera fase fueron demolidos varios edificios de interés, incluido el del vendedor de las bombillas. La planificación de nuestra “Gran” Vía nos privó de contemplar el Colegio de las Niñas de Leganés (Colegio de Nuestra Señora de la Presentación), el Palacio Masserano o el Palacio del Sevillano, al que llamaban “la casa del ataúd” por su estrechez, y que estaba en la esquina de Alcalá, más o menos donde hoy se levanta el edificio Metrópolis.

Pero el tema de la construcción de la Gran Vía da para un artículo más extenso y detallado, lo mismo que este señor Carlos Knappe, que era mucho más que un vendedor de bombillas. Por hoy lo dejamos aquí.

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