Las alianzas para bodas
Controvertido tema el asunto de las alianzas para las bodas. Si se piensa en frÃo, es probablemente un tema del cual se puedan sacar cientos y cientos de páginas, que no tendrÃan más sentido que el intentar resumir todas y cada unas de las anécdotas que se puedan encontrar en torno a este asunto, y todas las referencias fÃlmicas y musicales, que seguro son demasiadas para abarcarlas en un artÃculo como este.
En realidad, al hablar de las alianzas de boda, como anillos y demás joyerÃa que suele estar presente en esta clase de eventos, estamos hablando de una industria que mueve miles de millones de dólares al año, y en la que trabajan cientos de miles de personas: desde el minero que extrae el material con el cual se va a crear la joya, hasta el vendedor que la saca de su cristalera y la pone en el dedo de la afortunada novia, quien si se trata de un pedrusco tamaño cima del Himalaya, veremos en primer lugar chillar de placer, para segundos más tarde desvanecerse como si el susodicho anillo no lo hubiera visto ella misma en esa tienda una semana antes, habiéndose quedado encaprichada de él.
En medio de esos dos eslabones de la cadena, tenemos a varias personas que se encargan de hacer llegar la joya en las condiciones deseadas a las manos del cliente, que si todo va bien (aunque esto es un poco optimista, no hay más que mirar las encuestas de los últimos diez años) lucirá en su dedo para toda la vida, entre ellas el diseñador, que en realidad no cobra demasiado por su trabajo si el material del que están hechos estos sueños no es caro y él no tiene un nombre, el fundidor que da forma al trabajo y la idea del diseñador, y los enlaces entre este proceso de creación del producto y su final resultado, parando en las manos de la afortunada novia, y acomplejado novio por el gasto que acaban de realizar. Y es que sale caro estar guapo, aunque el anillo sea minúsculo.
Tag: Actualidad

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